Esta noche: Gratis.
La Mercè 2016.
Gracias Barcelona.
Soy uno más entre un millón. Una abeja más del panal. Ni más guapo, ni más flojo, ni más facha, ni más rojo. Uno más. Que no
ha elegido su función, ni su rumbo, porque sólo ha visto un barco. A la
deriva en este mar, como nadie... como todos.
En diez minutos termina mi jornada laboral. La última jornada laboral del año. Diez minutos, cuánto tiempo todavía, eternos. Como este año, que así lo siento. Un año eterno de dudas y decisiones, de ires y venires, de frios y calores. El año más emocionante quizá de mi vida, si como emocionante entiendo la variedad de emociones (no siempre buenas) que me han acompañado. Aquí se queda el 2015 para el resto de mi vida. Para el resto de nuestras vidas, para siempre. Porque todo es para siempre y de todo debemos aprender. Me despido ya en mis últimos diez minutos, de lo que he aprendido con vosotros, contigo. Y doy las gracias y a la vez todo lo contrario a todo lo que me ha ocurrido durante estos eternos 365 días. El cielo y el infierno hecho uno me obligó a navegar por sus corrientes agitadas, a vivir las tinieblas y a superar el caos ... pero "El caos es el orden que todavía no comprendemos" (Gregory Norris-Cervetto)No pretendas inundar un océano con lágrimas. No llores más.
Y el tiempo se paró, en esa implosión desgarradora todo quedó absolutamente frio. Congelado y mil agujas clavadas por todo mi cuerpo. El frio inerte de una muerte anunciada: Dos palabras y una vida que se rompe en mil pedazos para siempre. Un murmullo y cojo aire, respirando miedo y dolor a partes iguales. Arde el pecho del frio intenso que acabó con los sentimientos y las pocas palabras que se suceden caen a peso contra el suelo, sin ya ningún sentido. Nunca más.
... y el tiempo se paró. Congelado.